Published in Art in America Magazine by Raphael Rubinstein March 2003 |
Published in the New York Times By BENJAMIN GENOCCHIO June 13, 2004, Sunday |
Gain and Again Detrás de la cáscara Parecería una ironía que todo esto que leerán se da en El Barrio Boricua, en la 105 con Lexington, cuna del lumpen-proletariado avanzado de nuestra ciudad explotada. Vayamos detrás de la cáscara. Tengamos miedo. A lo feo. A lo sublime. A lo banal. Detrás de la cáscara puede estar el fraude, los podrido, los tres reyes magos, la perrita más preciosa. En nuestro ideario judeo-cristiano-islámico (en ese orden), el asistir a la formulación de una esencia es señal de revelación divina. Y es a ese terror pequeño que Ivelisse Jiménez se enfrenta en cada uno de sus fórmulas. Ella no nos llama al bureo, sino que simplemente se expone -imagino- a que nos desencantemos con su obra, pero el desencanto no llega. No hay razón para tragedias. Ivelisse presenta la posibilidad de su propia exégesis. Es autoimplosiva. No tienes que buscar elementos externos con qué odiarla o desearla porque las razones están en la obra, pero no la odiamos. Su trabajo co-opta la crítica, la incluye de antemano como señal paranoica de que nos está observando a todos. La obra de Ivelisse es un Panopticon de dimensiones puñeteras. O es una foto aérea o es un zoom microscópico. En todo caso, es anti-humana en alcanze. Extremista. Es un proyecto político que podría acabar en la matanza en masa o que avanza una verdadera utopía post-industrial. Esperemos esta última. Dando lijazos a un proyecto iniciado hace más de ochenta años (Rodchenko y Mayakovsky) los montajes de Ivelisse se satelizan. Sputnik-fotos de una isla en el caraxo, pósteres de propaganda.¿a quién?.¿a qué? Aquí no hay plan quinquenal, ni masas de obreros unidos, ni industrialización forzada. De hecho, no hay público. La línea de producción funciona: de la dandy (Ivelisse) > al freak (yo). Ella con obra, yo sin $. Se rompe el círculo del capital. Tu con $ y ella sin obra prêt-à-acheter. Se rompe el círculo del capital.Si nos quedamos en la fórmula tribu-lante (ya passé, nunca interesante) de mujeres con caderas enormes, de sabor a playa, de sobacos y cuchifritos al aceite vegetal, nunca entenderemos la matriz de intenciones de Ive. Ante el montaje maladroit de Ive el malcuentismo racista y pseudo-urbano tiembla de horror. En Ivelisse no hay poesía, ni café-teatrerismo, ni politics of recognition, ni tokens de mujeres tetonas, ni uñas pintadas. No hay provocación, sino que te cagas del miedo de mirar detrás del celofán. Pero miras. Eso no es todo. Es una obra de transparencia democrática, pero de construcción aristocrática. O sea, que se expone a mansalva para que veas refinamiento, color espectacular, planos aéreos, técnica de agrimensión. Se ve un cerebro, una patología, la inseguridad, la paranoia, la avanzada de un tren que dejará sin cabeza a un suicida, lo dejan sin cabeza, un llantén, descomposición, el rosario a la virgen de los suicidas y sobre todo la esperanza de poner a Humpty Dumpty como estaba antes de que se metiera en la vía del tren. Hay gente que no lo va a entender. Con el tiempo el dadá baboso se ha mutado en otra cosa. Aquí lo que hay es útero rostizado, incapacidad de reproducción. ¡Allá los que se pueden reproducir! |